CONSUMO RESPONSABLE

¿Porqué consumir de forma responsable?

El 1% de la población mundial tiene la misma riqueza que el 99% restante. ¿Qué hago yo ante esa realidad? Uno de los principales factores de la economía es el movimiento del capital. Las grandes multinacionales y empresas financieras mueven gran parte de este dinero, según sus propios intereses. Pero ¿hay multinacional más grande que el 99% de la ciudadanía de la Tierra?.

Impulsar la economía de lo cercano, de nuestro entorno humaniza el presente y la Tierra.

  • Si somos conscientes de cómo consumimos, estaremos cambiando el mundo.
  • Si somos conscientes de lo que comemos, de lo que vestimos, de donde vamos a pasar una tarde divertida, estaremos transformando el mundo.
  • Si compramos a quien produce y no a quien especula, estaremos transformando el mundo.
  • Si reutilizamos, “truequeamos”, compramos a quien produce, fomentamos la cultura en la calle estamos alargando la vida de la Tierra, estamos creando una economía del Bien común y no del máximo enriquecimiento a costa de nosotros mismos.

Características de ese tipo de consumo responsable

Para ajustar nuestro consumo a las necesidades reales debemos comenzar por preguntarnos si lo que vamos a comprar es o no es necesario.

Una vez decididos a comprar lo necesario, considerar entre otras cosas:

  • El impacto ambiental, desde el punto de vista del ciclo de vida del producto que compramos, teniendo en cuenta el conjunto del proceso desde la producción, transporte, distribución, consumo y los residuos que genera al final de su vida.
  • La política de empleo de las diversas empresas que producen, distribuyen y venden el producto que compramos. La actual Ley laboral permite la existencia de números tipos de contratación que siendo legales no favorecen en nada la vida de los contratados. Los mínimos fijados por la actual Ley laboral disuelven en el fango de la esclavitud los derechos laborales, permitiéndose tipos de contratación abusiva que en nada favorecen la dignidad del trabajador. Como consumidores debemos saber que tipos de empleo estamos favoreciendo.
  • La calidad de lo que compramos, de cara a adquirir bienes más saludables y duraderos.

Para profundizar más en modelos alternativos de consumo

Nuestra cultura consumista soporta y justifica en buena parte nuestro actual modelo de sociedad. Así, en este modelo social se considera que una mayor oferta de bienes de consumo puestos al alcance de la ciudadanía es fundamental para lograr un mayor bienestar, y que un nivel de consumo más elevado nos reporta, a su vez, un grado superior de felicidad individual y colectiva. La condición que se antoja necesaria para conseguir satisfacer nuestras ingentes necesidades de consumo es el crecimiento económico.

Sólo una actividad económica en continua expansión será capaz de satisfacer esa ilusión de conseguir el bienestar a base de consumir cada vez más. Estas creencias y valores están muy arraigados entre nosotros, hasta tal punto que uno de los indicadores clave para medir nuestro estado de bienestar suele ser el incremento del consumo.

Sin embargo, cada vez son más las voces de expertos, de científicos y de políticos que demandan la necesidad de replantearse seriamente nuestro modelo de consumo porque se considera insostenible desde el punto de vista ambiental, económico y social.

Estas voces la encontramos tanto en los Informes de Naciones Unidas como en diversas Cumbres Mundiales.

El Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), de 1998, ya señalaba que:

“(…) si se mantienen las tendencias inalteradas, sin redistribuir los consumidores de elevado ingreso a los de bajo ingreso, sin cambiar de bienes y tecnologías de producción contaminantes a otras más limpias, sin fomentar bienes que potencien a los productores pobres, sin cambiar las prioridades del consumo para cambiar de la exhibición conspicua a la satisfacción de las necesidades básicas, los actuales problemas de consumo y desarrollo humano se agravarán (…)”

La necesidad de imprimir un cambio de rumbo al consumo ya fue destacada en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro del año 1992. Se marcaron objetivos de alcance internacional como:

“(…) promover modalidades de consumo y producción que reduzcan la presión sobre el medio ambiente y satisfagan las necesidades básicas de la humanidad” y “Mejorar la comprensión de la función que desempeña el consumo y la manera de originar modalidades de consumo sostenibles (…)” .

Las llamadas ‘Agendas 21’ locales son fruto de esta cumbre. Según se recoge en los acuerdos de la Cumbre Mundial celebrada en Johannesburgo (2002):

“(…) el modelo actual de desarrollo, que ha dado privilegios y prosperidad a aproximadamente el 20% de la humanidad, también ha cobrado un precio alto en deterioro del planeta y agotamiento de sus recursos (…)”.

Nuestro modelo de consumo no es posible generalizarlo al conjunto del planeta. Necesitaríamos disponer de más de cuatro Tierras más para poder soportar la presión de recursos ambientales que exigiría extender nuestro modelo a toda la humanidad.

A este respecto hay que recordar que el 20% de los humanos (UE; EE.UU; Japón y pocos países más) controlan el 84,7% del comercio mundial; y que el 20% de los 6.000 millones de habitantes de nuestro planeta, es decir, 1.000 millones, somos los que nos beneficiamos del 84,7% del PIB mundial. Además, a la solemne pobreza del 80% de la humanidad, es preciso añadir la pobreza relativa de una parte del 20%.

Pero el concepto de CR no significa que en todos los casos y circunstancias haya que consumir menos, dado que un gran número de personas en el mundo necesitan consumir más, tan sólo para sobrevivir.

Así pues, el CR debe aplicarse a cada realidad social y económica, de tal forma que, en unos países este concepto deba hacer hincapié en la necesidad de consumir menos, pero, por lo general, hará falta consumir de manera diferente y más eficiente. En todos los casos será necesario redistribuir y garantizar la oportunidad de consumir lo necesario.

El modelo predominante de producción y elaboración de productos para consumo se basa en la utilización de enormes cantidades de recursos naturales y artificiales que provocan irreversibles deterioros medioambientales.

Para que podamos transitar hacia un modelo de producción consumo más sostenible, es necesario que avancemos en el desacoplamiento que en la actualidad se genera entre la producción y el consumo de recursos naturales, para lo cual se necesita que:

  • Los recursos naturales renovables no se usen a una velocidad superior a su propia tasa de renovación.
  • Los recursos naturales no renovables tienen que ser utilizados a un ritmo equivalente a la tasa de sustitución por otros recursos renovables.
  • La emisión de residuos y contaminación no puede exceder la capacidad de asimilación y autodepuración de los ecosistemas.

Estos criterios o principios operativos deberían aplicarse teniendo en cuenta el conjunto de la realidad mundial, lo cual nos llevaría a reclamar una redistribución de la sostenibilidad desde el Norte al Sur con equidad histórica, presente y futura.

El nuevo estilo de consumo que se reclama, según se recoge en el informe del PNUD de 1998, tiene que ser:

 

  • Compartido, para garantizar las necesidades básicas de todos;
  • Fortalecedor, para aumentar la capacidad humana;
  • Socialmente responsable, para que el consumo de algunos no ponga en peligro el bienestar de otros;
  • Sostenible, para no comprometer las opciones de las futuras generaciones.

El consumo responsable en la realidad de Madrid

Para que el consumo responsable sea posible, hace falta una red de social de Productores y Mercados que tengan como eje vertebrador la transformación del modelo económico capitalista actual en un modelo de economía del bien común, que nos sitúa a nosotros, las personas, en su centro de interés, y busca nuestra felicidad y bienestar, el bien común de todas y todas, por encima de cualquier otro interés,

Estos son algunos de los principios de las entidades que se unen en uno de estos Mercados sociales, concretamente en de Madrid.

  • Transformación social: construir una sociedad justa, libre, sostenible, democrática y equitativa. Promover la toma de conciencia acerca del poder transformador personal y colectivo.
  • Sin ánimo de lucro y sostenibilidad integral: no tener como fin la maximización del beneficio monetario privado, buscar la sostenibilidad integral (económica, medioambiental, humana y social) y una responsabilidad común en conseguir condiciones de vida dignas.
  • Equidad: Trabajar por reconocer la diversidad y erradicar las relaciones de dominación, así como cualquier forma de discriminación por razón de sexo, orientación sexual, identidad de género, país de procedencia, diversidad funcional edad y etnia que se puedan producir en nuestras acciones.
  • Sostenibilidad medioambiental: Hacer un uso equilibrado y respetuoso de los recursos (materiales y energéticos) que usamos desde que son recursos hasta que se convierten en desperdicios.
  • Procomún: generar recursos para el común y distribuir productos de manera libre, con licencias de reproducción, copia y distribución lo más abiertas posibles.
  • Arraigo en el territorio/compromiso con el entorno: ser parte de las comunidades locales donde desempeñamos nuestro trabajo, donde nos implicamos y participamos en la detección de problemas y en la búsqueda y puesta en marcha de soluciones.
  • Trabajo digno y corresponsabilidad: Establecer condiciones laborales dignas para las personas trabajadoras (salario, jornada laboral, uso del tiempo, formación, beneficios sociales, apoyo en el cuidado de personas a cargo, espacio, etc.)

Una responsabilidad social compartida de todos y todas

Hacer frente a los retos actuales del consumo obliga a todos los sectores sociales a comprometerse: los gobiernos, las instituciones, los productores, los consumidores y la sociedad en general. Todos debemos ejercer el principio de la responsabilidad compartida en el tránsito hacia el consumo responsable.

Las estrategias prioritarias para un consumo más responsable y sostenible se deben centrar en el consumo final de los productos, especialmente en las conductas de los consumidores como usuarios finales de bienes y servicios.

Los productores tienen que aceptar la responsabilidad de los productos que ponen en el mercado, de manera que se eviten la contaminación y los residuos en el proceso de fabricación, y que al final de su ciclo de vida, puedan ser reciclados y reutilizados, para evitar de ese modo un mayor consumo de recursos naturales.

 

Las Administraciones deben fomentar normas, precios e incentivos que faciliten la adopción de hábitos de consumo más responsables y racionales.

Como consumidores, las administraciones, los productores y las distintas organizaciones que configuramos el tejido social debemos dar ejemplo utilizando los criterios de consumo responsable aplicando las llamadas Compras verdes.

Por su parte, los consumidores, necesitan una mayor información y mecanismos de participación para ejercer su responsabilidad individual y colectiva en las compras.

El consumidor responsable es un consumidor sensibilizado, informado, crítico y consciente, es decir preocupado por las repercusiones económicas, sociales y medioambientales que acompañan a las sociedades de consumo.